Sinopsis de 'Faust'
Sinopsis de 'Faust' 18 de septiembre de 2018

«En Margarita personificó la virtud, la inocencia, la debilidad sujeta a la tentación y rehabilitada por la gracia divina. En Fausto representó al hombre, es decir, a todos los hombres; a la ciencia que se rebela contra sí misma, a la pasión nunca satisfecha, a la duda, a la degradación y el escepticismo; en Mefistófeles pintó el genio del mal, la voz secreta que murmura una blasfemia al oído de toda virtud.»
DIARIO LA NACIÓN, CON MOTIVO DEL ESTRENO DE FAUST EN EL TEATRO REAL. BENITO PÉREZ GALDÓS

ACTO I
Faust está cansado del mundo. Una y otra vez se enfrenta a los límites de su conocimiento. Ahora, convencido de que el final de su vida se aproxima, solo ansía la muerte. En la distancia, escucha las voces de jóvenes muchachas que, junto con sus amigos, cantan alabanzas a Dios y a la belleza de la vida. Faust, sin embargo, ha perdido su fe. Maldice la religión y apela a Satanás para que le ayude. De inmediato, el demonio aparece disfrazado de Méphistophélès, y promete a Faust que cumplirá todos sus deseos. El envejecido académico desea la eterna juventud, que el diablo le otorgará a cambio de su alma. Como prueba de sus poderes, brinda a Faust una visión de Marguerite. ¿Es esto realmente lo que le espera? Faust firma el contrato rápidamente y bebe el elixir de la juventud, que le convierte en un hombre joven. Los dos se marchan para conocer a la muchacha ese mismo día.

ACTO II 
Una alegre feria vive su pleno apogeo. El joven Siebel, enamorado de Marguerite, promete al hermano de ella, Valentin, que la protegerá mientras este último esté en la guerra. Solo Dios sabe si volverá sano y salvo, pero por ahora su atención se centra en beber antes de partir. Méphistophélès interrumpe la fiesta y canta una canción sobre el becerro de oro, con la que pretende alardear sobre el poder de Satán. Se jacta de su brujería, ofrece mejor vino y dice poder predecir el futuro de Siebel. Pero para cuando hace un brindis por Marguerite, Valentin ya ha tenido suficiente de su desfachatez. Solo es capaz de ahuyentar a su adversario con el signo de la cruz. El festín continúa. Faust espera impaciente al momento en que pueda conocer cara a cara a la muchacha de la visión. ¡Ahí está, por fin! Pero cuando le ofrece su brazo, Marguerite lo rechaza.

ACTO III 
Faust y Méphistophélès observan a Siebel llevando flores a Marguerite. El primer ramo se marchita cuando él lo toca, pero una vez se ha lavado las manos en agua bendita, puede coger nuevas flores y dejarlas en el umbral de la puerta de su amada. Mientras Faust espera con impaciencia una segunda reunión con Marguerite, Méphistophélès aparece con un cofre de joyas, que parece más probable que impresione a la muchacha que las flores de Siebel. El seductor y su séquito esperan al acecho para observar la reacción de la chica ante el regalo. Marguerite entra y trata de entretenerse con una canción inocente, pero no puede contener su curiosidad y abre la caja. Se cubre de joyas con premura y experimenta una verdadera metamorfosis. Su amiga Marthe Schwerdtlein se une a ella, y aunque apenas cree lo que ven sus ojos, asegura a Marguerite que las joyas son incuestionablemente para ella. Al mismo tiempo, sin embargo, Marthe se está interponiendo en la cita romántica que Faust desea tan fervorosamente. Méphistophélès la distrae para que Faust y Marguerite puedan finalmente quedarse a solas sin ser molestados, y Marthe, por su parte, se alegra de haber encontrado finalmente un caballero. Faust declara su amor a Marguerite; ella le cree, pero ante el deseo de él de pasar la noche juntos se muestra inquieta y le despide hasta el día siguiente. Faust está a punto de perder la esperanza cuando Marguerite le invita, después de todo, a quedarse. Méphistophélès ríe a carcajadas, confirmando quién es el ganador real en este juego de amor.  

ACTO IV 
Marguerite está embarazada y Faust la ha abandonado. Las otras muchachas se burlan de ella; Siebel es el único amigo que le ha permanecido fiel. Marguerite aún ama a Faust, aunque sabe que él jamás va a volver. Siebel jura vengar su honor. Ella aprecia su amistad, pero busca consuelo en la iglesia, adonde va a rezar por Faust y por su hijo. Pero ni siquiera la iglesia es un refugio seguro. Méphistophélès se ha escondido ahí y la atormenta con nuevos pensamientos culpables. Confundida, Marguerite ruega a Dios que la perdone, pero solo escucha las maldiciones de Méphistophélès. Se derrumba. Valentin ha vuelto de la batalla y va a visitar a su hermana. Siebel trata de contenerlo para que no descubra la deshonra de Marguerite. Faust también anhela a Marguerite. Méphistophélès canta una canción capciosa para atraer a Marguerite fuera de la casa, pero es su hermano quien aparece en su lugar, exigiendo un duelo con el hombre que ha deshonrado a su hermana. Ayudado por la brujería de Méphistophélès, Faust hiere de muerte a Valentin. Mientras muere, ve claro quién es la culpable de su muerte: Marguerite. Maldice a su hermana.

ACTO V 
Méphistophélès se lleva a Faust a su terreno, y le muestra los deleites que le esperan. Mujeres de todo tipo tratan de seducir al académico. Pero entonces Faust ve una imagen pálida de Marguerite. Es como si estuviera maldita. Reclama verla una vez más para rescatarla –su última petición a Méphistophélès–. Marguerite ha sido condenada a muerte por matar a su hijo. Faust le implora que se escape con él. Rememoran su primer encuentro, pero Marguerite no está en condiciones de seguir a Faust. Méphistophélès los exhorta a huir lo más rápidamente posible, y ella reconoce en él al diablo. Reza a Dios y encuentra la salvación en la muerte. Mientras Méphistophélès la maldice, se escuchan voces celestiales que confirman la salvación de su alma.