Sinopsis de 'Parsifal', de Richard Wagner 30 de marzo de 2016

Con el Santo Grial en una mano y la lanza que atravesó el costado de Cristo en la otra, Parsifal se descubre como el inocente capaz de redimir a la esclava Kundry, destruir al malvado hechicero Klingsor y sanar al herido guardián del cáliz sagrado, Amfortas. Con esta ópera, escrita para “consagrar” su festival de Bayreuth, Wagner da una vuelta de tuerca al poema épico medieval homónimo de Wolfram von Eschenbach y desgrana una historia de caballeros andantes, brujería, amor, compasión y justicia que aún sigue atrayendo la atención de todos aquellos que la escuchan.

ACTO I
En un bosque cercano al castillo de Monsalvat, Gurnemanz, caballero de la orden del Santo Grial, despierta a dos escuderos para preparar el baño de Amfortas, el guardián del sagrado cáliz, quien tiene una herida incurable. Kundry, una mujer de edad indefinida y múltiples personalidades, llega con un bálsamo para Amfortas. Este aparece acompañado de su séquito, acepta el obsequio y se sumerge en el agua. Mientras Gurnemanz se lamenta por la herida de Amfortas, los presentes le piden que cuente la historia del hechicero Klingsor, que intentó unirse a la hermandad de caballeros pero fue repudiado por su lascivia. Convertido en un enemigo implacable, Klingsor utilizó a una hermosa mujer para seducir a Amfortas: mientras yacía entre sus brazos, Klingsor le arrebató la lanza sagrada –la que atravesó el costado de Cristo– y lo hirió. La herida sólo podrá ser curada por un inocente que alcance la sabiduría a través de la compasión. Un cisne cae entonces al suelo, atravesado por una flecha. Los caballeros detienen a un joven, Parsifal, a quien Gurnemaz reprocha su acto. Avergonzado, el joven arroja lejos el arco y las flechas. Mientras los caballeros transportan a Amfortas al castillo, Gurnemanz acompaña a Parsifal, preguntándose si será este quien cumpla la profecía. En la noble sala del Grial, Amfortas y sus caballeros se disponen a conmemorar la Última Cena. Su padre, el anciano Titurel, le conmina a descubrir la sagrada vasija, pero Amfortas vacila porque su padecimiento aumenta en presencia de la sangre de Cristo. Sin embargo, los escuderos descubren el cáliz y un resplandor llena la sala. Mientras se ofrece el pan y el vino, un coro invisible canta desde arriba. Parsifal muestra su incomprensión, aunque se cubre el corazón cuando ve gritar de dolor a Amfortas.
 
ACTO II
Viendo a Parsifal acercarse, Klingsor convoca en su castillo a su esclava Kundry para que seduzca al intruso. Con la lanza de Amfortas en su poder, busca hacerse con el Grial destruyendo a Parsifal, en quien reconoce al salvador de la orden. Kundry, deseando la redención, protesta en vano. En el jardín mágico de Klingsor, las muchachas flor intentan cautivar a Parsifal, pero desaparecen cuando Kundry se presenta y trata de seducirle con el recuerdo de su madre. Cuando Kundry se dispone a besarle, el joven retrocede, comprendiendo al fin el misterio de la herida de Amfortas y su propia misión. Kundry intenta conquistarle a través de la compasión y le cuenta los padecimientos que ha sufrido desde que se mofó de Cristo crucificado, pero es rechazada de nuevo. Maldiciendo a Parsifal a errar sin esperanza en busca de Monsalvat, llama a Klingsor para que arroje la lanza contra él. El joven la atrapa en el aire y hace con ella la señal de la cruz; el castillo de Klingsor se derrumba.
 
ACTO III
Gurnemanz, ahora un viejo eremita, encuentra a la arrepentida Kundry desvanecida junto a un matorral. Mientras la reanima, un caballero con armadura se aproxima. Gurnemanz reconoce a Parsifal y la lanza. El caballero relata los años que ha pasado buscando el camino de regreso. Gurnemanz le quita la armadura y Kundry le lava los pies, secándolos con su cabello. En compensación, él la bautiza y loa la belleza de los campos primaverales. Unas campanas distantes anuncian el funeral de Titurel y los tres se encaminan hacia el castillo. La mesa de la Comunión ha desparecido de la Sala del Grial. Incapaz ya de descubrir el cáliz, Amfortas ruega a los caballeros que le den muerte para acabar con su agonía. Pero Parsifal le toca con la lanza y su herida sana. Alzando el cáliz, acepta el homenaje de los caballeros como nuevo guardián el Grial. Kundry, liberada por fin de su maldición, cae muerta.