Sinopsis de 'El emperador de la Atlántida', de Viktor Ullmann
Sinopsis de 'El emperador de la Atlántida', de Viktor Ullmann 6 de junio de 2016

Un altoparlante, el emperador Overall, un tamborilero, un soldado, una doncella, la Muerte y un arlequín son los protagonistas de una ópera en la que el intrusismo del líder todo poderoso obliga a la Muerte a declararse en huelga, demostrando así que su labor es necesaria para que –paradójicamente– la humanidad siga viva.

Una voz presenta el reparto a través de un altoparlante: el Altavoz mismo, el emperador Overall, el tamborilero, un soldado y una doncella, la Muerte como un soldado jubilado y Arlequín.

ESCENA I
Arlequín se lamenta de su vida exenta de risas y amor. La Muerte se suma a sus quejas y expresa su frustración por lo lentamente que pasa el tiempo y lo oscuro que resulta el mundo actual. La Muerte menosprecia el deseo de Arlequín de morir y le revela cuánto más grave es su propia situación: cómo, ahora que el antiguo oficio de tomar la vida se está realizando de una manera industrial, se siente humillada.

El tamborilero entra en escena, anunciando la guerra total establecida por el emperador: se darán armas a todo el mundo y se luchará hasta que no queden supervivientes. La Muerte clama contra el emperador por usurpar su rol: “¡Llevarse las almas de los hombres es mi trabajo, no el suyo!”. Decide no seguir con su labor y rompe su guadaña, causando que los hombres ya no puedan morir.

ESCENA II
En su palacio, el emperador, ansioso, da órdenes de batalla y supervisa los avances de su guerra universal. Le llegan noticias de un hombre que ha logrado seguir vivo ochenta minutos después de ser ahorcado y tiroteado. El Altavoz informa de que miles de soldados están “luchando con su vida…haciendo lo que pueden para morir” sin éxito. Atemorizado por perder su poder si la Muerte no prospera, el emperador anuncia que ha decidido recompensar a sus súbditos con la vida eterna. A la vez se pregunta: “Muerte, ¿dónde está tu aguijón? ¿Dónde está tu victoria, Infierno?”.

ESCENA III
Un soldado y una doncella de bandos opuestos irrumpen súbitamente en escena e intentan matarse mutuamente. Tras una breve lucha, sus pensamientos derivan hacia el amor. Sueñan con lugares lejanos donde reinen las palabras bondadosas. Se escucha desde lejos al tamborilero, que trata de conducirles de nuevo a la batalla con la sensual atracción de su llamada, pero fracasa. “Solo el amor puede unirnos, unirnos a todos”, cantan el soldado y la doncella.

ESCENA IV
El emperador continúa dirigiendo su reino languideciente. Sus súbditos se quejan airadamente de encontrarse suspendidos en el limbo entre la vida y la muerte. Arlequín suplica compasión, recordando su infancia inocente. El tamborilero exhorta al emperador para que siga adelante con su obra, pero los recuerdos del emperador le inundan y le hacen renunciar a sus planes de aniquilar a la humanidad. Mirándose en el espejo, se pregunta cuál es el aspecto de los hombres, y si él es uno de ellos.

Se enfrenta entonces al reflejo de la Muerte, quien describe su papel modestamente, asemejándolo al de un jardinero que arranca las malas hierbas. Cuando el emperador le pide que retome su tarea, la Muerte le propone una manera de resolver la crisis: el emperador ha de ser la primera persona en probar la Muerte. Tras resistirse inicialmente a la idea, el emperador termina por aceptar y canta su adiós. El cuarteto final alaba a la Muerte y recuerda: “no usarás el nombre de la Muerte en vano, ni ahora ni nunca”.