El aforo del Teatro Real
El aforo del Teatro Real 17 de noviembre de 2016

Las historias del Real - Capítulo 10

La historia del Teatro Real contiene pasajes dignos del libreto de alguna de las grandes óperas que han sido representadas sobre su escenario.

Con motivo de la celebración de su Bicentenario (1818-2018), rescatamos algunos de los momentos únicos -desde acontecimientos históricos hasta geniales curiosidades- que se han vivido en esta casa de la ópera.

Conocer con exactitud cuál ha sido el aforo del Teatro Real en cada momento de su historia es una tarea llena de complicaciones. La propaganda oficial rara vez coincidía con la realidad. Una sucesión de pequeñas obras de remodelación, aparentemente estéticas, terminaron influyendo en el número de asientos de cada zona del teatro. Además, la modificación de los nombres de las distintas zonas en las que se localizaban las butacas se cambiaba constantemente, con lo que no se alteraba el aforo total, pero provocaba continuos errores a la hora de agruparlas por zonas o precios. Y, por último, durante todo el siglo XIX y el primer cuarto del XX, es decir, antes de que existiera Protección Civil, los empresarios podían poner y quitar sillas suplementarias en los pasillos, en el foso de orquesta y en el escenario para así aumentar el aforo en ocasiones especiales.

Otros lugares donde poder acomodarse no salían nunca a la venta ni se contabilizaban en las estadísticas, pero estaban igualmente a disposición del público. Por ejemplo, en 1850, en plena época del belcantismo y el primer Verdi, y antes de que llegaran las enormes orquestaciones de Richard Strauss, en un foso de 18 metros de ancho cabían todos los músicos y aún sobraba sitio para los llamados divanes de orquesta: un sofá en cada extremo del foso, auténticos predecesores del sonido surround.

En el momento de la inauguración del Teatro Real en 1850, la propaganda oficial, machaconamente reproducida en todos los periódicos, hablaba de 2.800 localidades: 500 butacas, 1.100 asientos en los palcos y 1.200 en el paraíso. La exageración queda inmediatamente en evidencia con el que se considera libro oficial de la inauguración, la Memoria histórico artística de Juan Manuel Diana, en la que se ofrecen cifras contrastadas: 468 butacas, 438 palcos, 276 palcos con asientos y 768 localidades de paraíso. En total, 1.950 localidades, un 30% menos de lo que decía la publicidad.

A partir de esa fecha las cifras empiezan a bailar. En 1858 un informe cifra el aforo en 2.433 localidades, pero sin ofrecer un desglose pormenorizado. Once años después, en 1869, un escrito del conservador del teatro informa al ministerio de que hay 472 butacas, 68 sillas y 584 asientos en los tres primeros pisos de palcos (8 proscenios, 22 palcos de platea, 20 palcos de principal y 23 palcos bajos), otros 276 en los 23 palcos de segundo piso y 788 en el paraíso. En total, 2.188 localidades.

Conviene explicar que el paraíso era un espacio mucho más pequeño que el actual, de solo cinco filas, con bancos corridos en los que el público se apretujaba de mala manera. En esas circunstancias se fraguó el chiste: «Se llama paraíso, porque no entran más que los justos». Los proscenios y los palcos de los tres primeros pisos (generalmente llamados platea, entresuelo y primero) se vendían como una sola unidad, estaban calculados para alojar a cinco personas en los proscenios y ocho en el resto de los palcos. Pero, en realidad, nadie controlaba cuánta gente se metía en un palco. En cambio, en los palcos de la cuarta planta (que entonces se llamaba segundo piso) se vendía individualmente cada una de las doce localidades.

En 1861 se elimina la fila número 16 del patio de butacas para poder aumentar la separación entre las filas de 41 a 50 centímetros. También se eliminan los tabiques posteriores de los palcos del segundo piso, lo cual permite añadir una cuarta fila de sillas. Lo que se pierde de aforo en el patio de butacas se gana en los palcos.
En 1885, el conservador del teatro informa de que hay 538 butacas, 96 palcos, 114 antepechos de paraíso, 22 segundas de paraíso, 28 asientos de primera fila de paraíso y 600 entradas de paraíso. En total, 2.138 localidades de las que no salen a la venta el palco de gala, el palco de diario, el palco de la servidumbre de la Real Casa, el palco de los ministros, dos palcos para el Ministerio de Hacienda, una butaca para el oficial de negociado de dicho ministerio y una butaca para el conservador del teatro.

Tras su cierre en 1925, el Teatro Real se reforma y crece. El paraíso pasa entonces de 5 a 15 filas, pero el Teatro no vuelve a abrir sus puertas hasta 1966, en su etapa de sala de conciertos, cuando alcanzaba las 2.125 localidades. En la actualidad, el teatro tiene un aforo de 1.746 localidades.